martes, 21 de abril de 2009

LA ETICA ¿PARA QUÉ?

Descifrar lo bueno y lo malo, es en definitiva lo que ha preocupado al hombre a lo largo de la historia. Y es en el ámbito de las actuaciones en las que el ser humano busca encontrarse con su realidad.
Es entonces, cuando se cuestiona sobre lo éticamente es viable y aplicable a su cotidianidad existiendo una cierta “pereza” al indagar sobre su comportamiento y constantemente se pregunta sobre el por qué y el para qué de la ética.
Ahora bien, en el contexto de la Formación Profesional Integral el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA en el Acuerdo Número 12 de 1985 señala : “Corresponde al SENA captar, diseñar , aplicar y mantener actualizadas las tecnologías educativas que garanticen a través de la Formación Profesional Integral, la adquisición de conocimientos , el descubrimiento y desarrollo de habilidades , la identificación , generación y adopción de valores y actitudes que permiten a los sujetos participar consciente y creativamente en los cambios de todo orden que vive el mundo actual”.
De igual manera, en el Capítulo Primero Fundamentación de la Formación Profesional Integral , Acuerdo 12 , Artículo 2 de los Principios el SENA reafirma la necesidad de actuar éticamente al expresar que: “El reconocimiento del derecho y el deber del sujeto en la formación es el de ser gestor de su propio desarrollo en todas sus dimensiones y que su aceptación de carácter social del conocimiento le permitirá construir una sociedad más desarrollada y justa”.
Lo expuesto en la UNIDAD TÉCNICA o Acuerdo 12 deja claro que para el SENA es inevitable y urgente que la Formación Profesional integral valla unidad a lo ético sin distingos de raza, religión o color político.
Sin embargo, es fundamental anotar que nadie puede motivar a otro a actuar de una u otra forma y menos aún pretender que una norma logre ese objetivo. Al parecer la intencionalidad de la misma es la de crear un clima apropiado para que el individuo se motive.
Pero esa necesidad sentida de hacer del sujeto una persona socialmente aceptada se determina también en la ley 115 de 1994, Ley General de Educación, Artículo 1, así: “La educación es el proceso de formación permanente, personal, cultural y social que se fundamenta en una concepción integral de una persona humana, de su dignidad , de sus derechos y deberes”.
Con la Ley 119 de 1994 , en su artículo 10, numeral 4 se adopta el Estatuto de la Formación Profesional Integral el cuál consiste en que: “Esta constituye un proceso educativo teórico-práctico de carácter integral orientado al desarrollo de conocimientos técnicos tecnológicas, de actitudes y valores para la convivencia social que le permiten a la persona actuar crítica y creativamente en el mundo del trabajo y de la vida”.
Por su parte la Ley 30 de 1992, Capítulo 2 de Objetivos. Artículos 6 Literal a, señala que las instituciones deben: “Profundizar en la Formación Profesional Integral de los Colombianos dentro de las modalidades y Calidades de la Educación Superior capacitándolos para cumplir las funciones profesionales investigativas y de servicio social que requiere el país”.
El anterior marco legal justifica una vez más la necesidad de implementar los conocimientos en el área de la eticidad mejorando la nuestra calidad de vida no solamente en relación con uno mismo , sino con los demás y nuestro entorno . Así nos lo recuerda el Reglamento y el Manual de Convivencia del SENA.

domingo, 19 de abril de 2009

DE LA COMPETENCIA A LA COMPETITIVIDAD UNA GRAN DIFERENCIA

DE LA COMPETENCIA A LA COMPETITIVIDAD UNA GRAN DIFERENCIA
Por: VILMA VILLALBA LEÓN
Dar y recibir, son entre otros los elementos esenciales para el crecimiento y desarrollo personal. Es en sí regalar y ofrecer conocimientos que permitan contribuir a la formación integral, ética y autónoma de los demás en cumplimiento del precepto de qué es la sociedad la directa responsable de su capacitación.
Formación cualitativa a la cual deben responder las instituciones, entidades, la escuela, las academias y las universidades conjuntamente con la sociedad. Es decir, que deben formar en o por competencias para que no solo puedan ser aptos en la empleabilidad, sino que también genere sus propios espacios como eje integrador de la empresarialidad y de su propio entorno.
Por eso, al discernir sobre competencia y competitividad podemos precisar que existe una “brecha” generacional marcada por una formación que genera espacios con creatividad y otra que entrena para hacer algo sin acceder a la innovación ni a las propuestas.
Se establece, entonces que la formación es y debe ser permanente, debe actuar en consonancia con la demanda del mercado laboral manteniendo al margen lo que esta de moda para no caer en el error de profesionalizar a un número mayor de sujetos que no responden a las expectativas del sector productivo.
El sistema educativo tradicionalmente ha demostrado que no tiene un vinculo directo con el aparato productivo factor determinante del desempleo y el subempleo; como consecuencia del desconocimiento de los procesos comunicativos por parte de las instituciones que se niegan a acceder a los cambios propuestos por la apertura de los mercados.
Cuando hablamos del principio “aprender haciendo” estamos diciendo que la educación se desestandariza y desmasifica ofreciendo una formación personalizada que incorpora al individuo a la vida laboral. Fundamento de la socialización y valoración que exige las nuevas tendencias del mercado garantizando confiabilidad, transparencia y preparación para el desempeño de las competencias adquiridas en los procesos de formación que en condiciones de flexibilidad, credibilidad, inmediatez, calidad y transparencia forman para el trabajo en consonancia con los cambios constantes del mundo.
En este sentido es de fundamental importancia que la comunidad educativa interprete las necesidades del empleado y el empleador promoviendo y anticipando ambientes de autoaprendizajes; y es en el gobierno en donde se deben gestar las normas para que se imparta la formación por competencias que garantice su capacitación permanente en la búsqueda de su certificación y su evaluación.
En definitiva es necesario reformular los modelos pedagógicos en los procesos de enseñanza–aprendizaje por ser en ocasiones cerrados y excluyentes organizado por contenidos cognitivos básicos, transversales y específicos fuera del contexto social que busca impartir los conocimientos de manera similar desconociendo la multiculturalidad y transdiciplinariedad que se construye en el marco de las familias, de las etnias, de la política , de la cultura , de lo económico , de la religión y de la sociedad.
Un cambio en torno del pensamiento, es la propuesta que plantean los especialistas en función directa con el lenguaje como elemento que une identidades en la construcción de un ser, un sentir y un pensar que permita encontrar la autonomía de todos y cada uno de los sujetos.
Concebido en este contexto de individualización el papel del aprendiz al mercado laboral es de mayor compromiso y de autoformulación y autocritica en su proceso de formación para la reinserción al trabajo.
En este plano el “rol” del orientador, facilitador y de acompañamiento para el logro de resultados del aprendiz en cuanto a sus competencias individuales.
Comportamiento que el orientador debe discernir en el aprendiz reconociendo en él las habilidades ,, las aptitudes, las actitudes y valores que puedan asegurar una gestión sobresaliente del individuo frente a su área de trabajo .
La competencia no revalida lo que hace el otro sino que por el contrario propicia nuevos escenarios de concertación en el aprendizaje.


Derechos Reservados de : Vilma Villalba León